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jueves, 17 de enero de 2013

La Catedral de la Diócesis de Zamora: signo de la prosperidad agrícola del Valle de Zamora


A mediados del siglo XIX, en 1863, fue erigida la diócesis de Zamora en un tiempo de gran prosperidad en el valle gracias a la buena administración agrícola de las haciendas porfirianas, asentadas en su valle y extendidas por toda la Ciénaga de Chapala. Fue un tiempo de auge económico que apoyó en gran medida el propósito de hacer de Zamora una ciudad episcopal. La nueva diócesis requirió de un templo digno para ser su Catedral. Estos son algunos apuntes históricos de esta valiosa joya del patrimonio arquitectónico de nuestra ciudad:

Desde la fundación de Zamora, en el siglo XVI hasta el XIX, fueron tres las construcciones religiosas en las cuales funcionó la parroquia: las dos primeras se levantaron durante esa centuria, seguramente muy  provisional una y más sólida la segunda, pues se mantuvo en servicio hasta el siglo XVII, cuando fue reemplazada por la tercera construcción. Sin embargo, ésta ya estaba en ruinas hacia 1828, cuando se echó a andar el proyecto de construir la actual iglesia, en el mismo emplazamiento de las anteriores, frente a la plaza.

Una de las fotografías más antiguas de la catedral,
la muestra aún sin torres.

Ante la ruina de la parroquia, el zamorano José María Cabadas Dávalos y Jasso (en quien se conjugaban la autoridad de pertenecer a una  reconocida familia de la villa y ser canónigo de la catedral de  Valladolid) organizó un movimiento para proceder a realizar una nueva construcción. La presidencia de esta Junta Directiva fue ocupada por Cabadas.

La catedral señoreando desde siempre
la Plaza de Armas de Zamora.

A pesar de las demoras y problemas, el 1 de abril de 1840 se bendijo la primera piedra de la obra, cuyos planos había hecho el maestro arquitecto Nicolás Luna, posiblemente desde 1838. Lamentablemente no quedan vestigios de este plano, solamente una somera descripción: “los mapas [...] tienen 75 varas de largo, 18 de ancho, 44 libres de balaustra, 21 varas de altura, el cimborrio hasta la linternilla otro tanto que hacen 42 varas y las dos torres de altura 50 varas, de tres cuerpos de orden jónico, dórico y toscano.”

Son pocas las noticias que se tienen de este arquitecto, a quien tradicionalmente se considera nacido en Tlazazalca y discípulo de Eduardo Tresguerras. Parece haber trabajado exclusivamente en el estado de Michoacán, pues se consideran obras suyas, además de esta parroquia, el proyecto del templo del Calvario, en Zamora, en 1830; el altar mayor del Santuario de Guadalupe, en Morelia, en 1840 ó 1850; y la iglesia parroquial de Tlazazalca, comenzada en 1840 y que guarda una notable relación formal con la iglesia de Zamora.

Por la calle Hidalgo Sur, la parte posterior de la Catedral
también domina el ambiente urbano de la ciudad.

A pesar de opiniones de algunos ingenieros y arquitectos de finales del siglo pasado y de principios del XX, que realizaron intervenciones en la construcción, por la descripción del plano, es notorio que la misma estuvo concebida desde sus orígenes con cúpula y dos torres, aunque éstas se construyeron de dos cuerpos y no de tres, como estaba previsto.

En efecto, a pesar de los cambios políticos que ocurrieron en el país a  mediados del siglo XIX, hacia 1860 la iglesia estaba terminada, aunque sin torres, ni balaustradas ni barda exterior. Así la sorprendió la erección del nuevo obispado, el 26 de enero de 1862 y así fue consagrada, el 8 de mayo de 1867, para evitar que fuera ocupada por las tropas, aunque distaba mucho de estar terminada.

La catedral ha atestiguado las distintas épocas
de la cotidianidad zamorana.

Cuando la parroquia se convirtió en catedral, se realizaron algunas reformas necesarias para su funcionamiento, como el emplazamiento del coro en el presbiterio, para permitir la reunión de los canónigos alrededor del obispo. Pero algunas otras obras fueron provocadas por fallas en la estructura, algunas de tal magnitud, que en 1871 el informe del arquitecto Carlos Cornedi aseguraba que la estructura no podría recibir el peso de las torres y que, de hacerlas, tendrían que arrancar del piso.

A pesar de tantas opiniones, el encargo de levantar las torres fue aceptado por Romualdo Mares, quien las terminó el 27 de agosto de 1879 y ocho años después, en 1887, empezaron a desplomarse. De ahí en adelante, las torres de la catedral sufrieron muchos tropiezos, provocados fundamentalmente por la falta de pilotaje, porque la cimentación no tenía ni dos varas (ó 1.67 metros) y por el piso de aluvión. Su debilidad estructural las hizo presa fácil de los movimientos sísmicos y desde entonces han sufrido diversos problemas de cuarteaduras y desplomes.

Las torres de catedral fueron atonilladas para evitar su desplome,
como lo muestra esta fotografía de José Luis Espinoza Melgoza.

La catedral completó su perfil actual hacia 1879, cuando el mismo Romualdo Mares realizó el diseño de los cinco pórticos del atrio y los ornamentos de los pilares y almenas y se autorizó el encargo de las puertas a Guadalajara.

Otra vista de catedral con su enorme cúpula
con vista hacia el sur por la calle Hidalgo.

El vocabulario formal seleccionado para esta obra se relaciona claramente con el estilo neoclásico, como el frontón triangular de la portada; las columnas de capitel jónico y corintio con fuste acanalado; el friso que remata el primer cuerpo, así como las guirnaldas que ornamentan la fachada. Sin embargo, la articulación de estos elementos provoca una sensación de movimiento y de claroscuro más vinculado al estilo barroco que al neoclásico. El resultado de esta asimilación vernácula de ambos estilos fue interpretado por un historiador de la importancia de Francisco de la Maza como un “estilo barroco republicano”.


(Este texto fue publicado originalmente en la revista Entorno de Ingenieros y Arquitectos de Zamora, A.C. y sintetiza un capítulo del "Catálogo del Patrimonio Arquitectónico del Bajío Zamorano. Primera Parte: La ciudad de Zamora", de la doctora Nelly Sigaut, profesora-investigadora del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de Michoacán).

martes, 1 de enero de 2013

La antigua Catedral Nueva, hoy Santuario Guadalupano: signo de la prosperidad agrícola del valle de Zamora en Michoacán (Primera parte)




A don José María Cázares y Martínez, segundo obispo de la diócesis de Zamora (entre 1878 y 1909) le tocó presidir un episcopado en pleno auge de la economía agrícola porfiriana en el valle de Zamora.

Las antiguas haciendas hicieron más productivas las ya de por sí fértiles tierras del valle de Zamora y con ello activaron una economía que fue capaz de contruir un nuevo rostro para una pequeña ciudad que en pocos años se tornó señorial y se apuntó en el horizonte de la modernidad más próspera del país.

 Zamora señorial en el auge agrícola porfiriano.

El tranvía de mulitas entre Zamora y Jacona fue un proyecto ferroviario pionero a escala nacional; el propio tren con su estación permitió ampliar los mercados regionales a la producción agrícola local; en la ciudad se edificaron numerosos templos, el mercado municipal con una infraestructura de acero con tecnología de vanguardia en el mundo y un Palacio Episcopal que simbolizó la importancia de la presencia de la iglesia católica en la vida y obra de los zamoranos.

 Un gran movimiento en las inmediaciones
de la estación del ferrocarril de Zamora.

En ese contexto, el obispo José María Cázares y Martínez inicio la que seguramente, es una de las construcciones góticas más jóvenes en el mundo (pensemos en la antigüedad de las grandes catedrales góticas en Europa). La nuestra, en Zamora, comenzó a construirse el día 2 de febrero del año 1898, cuando en el resto del mundo a nadie se le ocurría ya construir en estilo gótico.

Estatua del obispo Cázares en el atrio de su antigua
Catedral Nueva hoy Santuario de Guadalupe.
(Foto de Rubén Guillén Soto)

De hecho a él se deben otras valiosas obras en nuestra región. Su actividad lo llevó lo mismo a fundar una congregación religiosa que a diseñar y construir la mayor parte de la infraestructura de riego agrícola que aún funciona en Zamora.

 Aunque la foto es de 1930, muestra el Canal de Zapadores,
también conocido como Río Nuevo, construído a pico y pala
durante el auge porfiriano en el valle de Zamora,
como eje central de la infraestructura hidráulica
de riego agrícola. 

El obispo José María Cázares se distinguió como teólogo, filósofo y jurista. Concluyó la actual catedral de Zamora, en la plaza principal; construyó el antiguo Seminario de Zamora y fundó la Escuela de Artes y Oficios, una casa de ejercicios espirituales y un asilo de ancianos, entre otras muchas obras.

En ese entonces el obispo Cázares era cabeza de una vida religiosa que veía en el futuro de Zamora  lo que la investigadora de El Colegio de Michoacán, Nelly Sigaut ha llamado «La Ciudad Episcopal».

De hecho, según una hipótesis de la misma investigadora, la gran catedral sería el centro de la ciudad. El lugar en que se construyó el edificio revela también otra intención del obispo: estaba convencido de que el crecimiento de Zamora debía hacerse hacia el oriente, trepando hacia Chaparaco hasta la Beatilla, ¡así se salvarían las tierras cultivables del valle!

 En esta vista de Zamora hacia el oriente de la antigua ciudad,
se aprecia con claridad la ubicación de la antigua Catedral Nueva,
en un lugar opuesto al de buena parte de las tierras de cultivo del valle.

Como ocurrió con gran parte de las ambiciosas construcciones góticas en Europa, la nuestra ha tenido una historia en que la obra se ha visto interrumpida por diversas circunstancias y también podemos hablar, ahora, de un esfuerzo por continuar y terminar la obra con los mismos propósitos con que se inició.

La expropiación del inmueble, decretada por el presidente Lázaro Cárdenas, abrió un largo paréntesis en la historia de la construcción de la «Catedral Nueva».

 Durante años, los zamoranos la conocimos
como "La Inconclusa" porque así la nombró
un promocional turístico de televisión.

La obra se suspendió en 1914, y a partir de entonces fue cuartel, caballeriza, campo de tiro, paredón de fusilamiento, canchas deportivas, centro de información turística, garaje y bodega.

 Cancha de béisbol, entre otros usos.
 
El deterioro del edificio llegó al extremo del peligro de derrumbe, lo cual motivó a la creación de diversos proyectos para rehabilitarlo con alguna función que permitiera rescatarlo de la ruina.

 En los años 80 del sigo XX el opispo
don José Esaúl Robles Jiménez, recuperó la Catedral Nueva
y reinició su construcción con una intensa etapa de restauración.

 Estatua del obispo Robles Jiménes en el atrio del ahora
Santuario Diocesano de Nuestra Señora de Guadalupe en Zamora.
(Foto de  Fernando GarcíaL)

Una vez más, gracias a la voluntad del pueblo católico de Zamora y a las posibilidades de su economía, basada en su enorme productividad agrícola, el proyecto fue retomado y se reinició su construcción.

 Con postales los zamoranos celebramos la consagración de la antigua Catedral Nueva
al culto de la Virgen de Guadalupe una vez reiniciada su construcción.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Fundamentación histórica de la Defensa Agrícola de Zamora - Características de las antiguas familias zamoranas - Por Jaime Ramos Méndez


De acuerdo con Gladys Lizama en su libro Zamora en el porfiriato. Familias, fortunas y economía, entre ese grupo de familias podemos encontrar impulsores de la modernización agrícola, instaladores de los servicios de agua potable, luz eléctrica, teléfonos, compañías agrícolas y ganaderas de amplia cobertura regional y de las primeras sociedades por acciones y anónimas. De esas familias salieron influyentes sacerdotes y presidentes o miembros de ayuntamientos, prefectos de distrito y hasta diputados locales y federales. Fueron propietarios de tierras potencialmente muy productivas para la agricultura y la ganadería. Tuvieron también la visión de la productividad, creando “valor agregado”, en el terreno de la transformación de los productos agrícolas, creando para ello microindustrias.

La Casona Pardo en Zamora perteneció a los Dávalos,
una de las familias porfirianas más prósperas. Hoy, debe
ser símbolo de la importancia agrícola de la ciudad
y toda su región. (Foto de Ricardo Cruz)

Para refaccionar los proyectos se hicieron tanto prestamistas como usuarios de créditos, “y coadyuvaron activamente con inversiones y empresas en la modernización de la ciudad.” Familias, “actores sociales que produjeron principalmente para el mercado interno, que tuvieron una casa familiar en Zamora en la cual vivieron; crearon y desarrollaron una red de relaciones en el área urbana y rural; poseyeron múltiples propiedades urbanas en la misma ciudad y las rurales no sólo estaban ubicadas en el territorio contiguo a la ciudad, sino también en áreas más lejanas”,[1] porque “ejercieron una práctica económica sobre un espacio territorial bastante mayor que el Bajío zamorano, extendiéndose a parte de otros estados y a una fracción importante de la tierra caliente michoacana”:[2] Chavinda, Chilchota, Ixtlán, Jacona, Purépero, Santiago Tangamandapio, Tangancícuaro, Tlazazalca, Ario Santa Mónica, Pajacuarán, Ayo el Chico, Cotija, Guarachita, Jiquilpan, Sahuayo, Tingüindín, Ecuandureo, La Piedad y Los Reyes[3]

La Zamora señorial, fruto de la riqueza de su entorno agrícola.

Desde su perspectiva económica, Gladys Lizama sintetiza así el ambiente social de las antiguas familias zamoranas:

“[La economía] …a grandes rasgos se caracterizó por desarrollar una agricultura predominante, una actividad comercial dinámica, una industria básica de consumo final, una fuerte actividad crediticia privada e institucional (esta última en el decenio 1900-1910) y un activo mercado de tierras y bienes urbanos…”[4]

Así,

1.   Las antiguas familias zamoranas protagonizaron el desarrollo agrícola, comercial, industrial y financiero de su época.
2.     Promovieron la construcción de la ciudad de Zamora y la dotaron de modernidad.
3.   Propiciaron que Zamora se constituyera en el epicentro económico, político y cultural de una amplia región del occidente de México.
4.  Contribuyeron en la creación y consolidación de Zamora como sede de una importante diócesis de la Iglesia Católica Mexicana.
5.    Consolidaron la presencia política de Zamora en el contexto estatal y nacional.
6.    Contribuyeron a una recreación de una tradición llamada “zamoranía”.


[1] Gladys Lizama Silva, Zamora en el porfiriato. Familias, fortunas y economía, El Colegio de Michoacán-H. Ayuntamiento de Zamora, Zamora, Mich., 2000, p.22.
[2] Gladys Lizama Silva, Op. Cit., p. 24.
[3] Gladys Lizama Silva, Op. Cit., p. 30.
[4] Gladys Lizama Silva, Op. Cit., p. 41.